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El reto de ser persona nos amanece cada día. No es vano el horizonte de intentar ir creciendo en verdadera humanidad. Son tantos los estorbos que nos obstaculizan a menudo y nos distorsionan la mirada. El misterio Pascual centra el timón de la andadura creyente.
El Señor Resucitado nos convoca a la Vida nueva que procuramos ensayar y acoger ya en este presente. ¿Qué incidencia puede tener esta verdad en nuestra realidad inmediata? ¿Cómo conjugar el gozo incontenible de Su vida y las situaciones dolientes de nuestro mundo?
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